¿Qué significa para mí ser abuela?

Humanamente, ser abuela ha sido una sensación extraña, casi difícil de explicar. Al principio fue asombro, inquietud e incluso un poco de susto. Siempre había escuchado a mi hija decir que ella solo quería tener gatos, así que recibir la noticia de que quería traer al mundo ese bebé fue algo que me movió profundamente. Era como preguntarme: ¿De verdad está pasando? ¿De verdad va a tener ese bebé?
Pero espiritualmente, la noticia tomó para mí un significado completamente diferente.
Me pareció muy bonito poder dar luz a una persona de otra manera; acompañar la llegada de un ser desde el vientre, observar el poder de Dios, la creación y todo el misterio de la gestación. Me emocionaba pensar que iba a abrazar, amar, chocholear, observar y querer a una vida humana con un amor totalmente diferente.
También sentí que iba a tener la oportunidad de conectarme con ese ser desde el vientre, de acompañarlo energéticamente, de hacer Reiki prácticamente todos los días y de transmitirle, desde antes de nacer, herramientas y enseñanzas que pudieran ayudarlo a evolucionar.
Creo que esa noticia me volvió muchísimo más espiritual.
Energéticamente, hubo una frase que apareció muy clara dentro de mí:
“Wow… yo soy abuela y no mamá.”
Y entendí que tenía que ocupar mi lugar como abuela. Que tenía que aprender a ser una abuela diamante, no una abuela que carga responsabilidades, que intenta resolverlo todo o que vuelve a ocupar el lugar de mamá.
En algún momento sentí que mi hija ya había sanado y soltado muchas cosas, y pensé: qué rico volver a empezar con un nieto. Pero ahí mismo comprendí algo fundamental: yo soy la abuela, no la mamá.
Y creo que esta experiencia también llega para enseñarme a ocupar mi lugar, permitir que me den mi lugar y, al mismo tiempo, ubicarme correctamente dentro de mi árbol genealógico.
Desde ese lugar siento que voy a poder entregarle a mi nieto una información muy valiosa, una información que, desde mi experiencia y mi camino espiritual, sé que podrá servirle mucho.
Energéticamente siento que esta nueva etapa será también una evolución para mí. Que podré acompañar a esa alma para que encuentre con mayor facilidad respuestas, aprendizajes y caminos de sanación en aquello que venga a vivir.
Y hubo algo que me pareció todavía más especial: la posibilidad de sentir y reconocer qué alma encarna allí, qué familiar pudo haber sido para mí y poder hablarle también desde el alma.
Eso, para mí, fue profundamente especial.
Mental y emocionalmente, sentí miedo.
No sé si era una felicidad demasiado grande mezclada con cierta tristeza al saber que mi hija era tan joven. Había muchas emociones juntas. Pero entonces apareció nuevamente una comprensión:
“La suelto. Es su misión de vida. Es lo que ella vino a hacer. Y gracias por haberme elegido como ese canal también para servirle a ella, de una u otra forma.”
Era extraño todo lo que estaba sintiendo. Mentalmente había muchas cosas dando vueltas, muchos pensamientos, muchas emociones. Pero agradezco profundamente a mis ángeles, que me hablan y que pudieron ayudarme a ubicar cada cosa en su lugar.
Gracias a eso, todo aquello no se convirtió en un revoltijo de pensamientos, sentimientos y emociones, sino que pude comenzar a verlo como algo concreto: una experiencia que también venía para mi propia evolución.
Y quizá también para dejar un legado.
Porque hay algo que me han mostrado en este camino: que tal vez no se trata de dejar a mis pacientes solos algún día. Tal vez se trata de comprender que, cuando llegue el momento en que mi alma decida partir de esta tierra, pueda quedar una pequeña alma que haya recibido mi energía, mis enseñanzas, mis aprendizajes y todo aquello que yo haya venido a entregar.
Y pensar que mi nieto pueda recibir una parte de ese legado y, a su vez, llevarlo hacia adelante, me parece profundamente hermoso.
Entonces, para mí, ser abuela no es solamente tener un nieto.
Es aprender a ocupar un nuevo lugar en mi árbol.
Es amar sin invadir.
Es acompañar sin cargar.
Es enseñar sin imponer.
Es reconocer que esa alma tiene su propio camino y su propia misión.
Y, sobre todo, es comprender que quizás la llegada de este bebé no solamente viene a transformar la vida de mi hija, sino también la mía. Honro mucho a las mujeres que han tomado este rol en sus familias y en la mía en este momento.
Tal vez él viene a enseñarme una nueva manera de amar, de soltar, de acompañar y de dejar un legado.
Y eso, para mí, también es evolución.




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